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La tarde era tan clara que arrastraba, traviesa, la luna de la noche anterior.Nos iba envolviendo sin prisa mientras tus ojos traían collares de recuerdos que colgabas en mi cuello siguiendo el orden del amor.Entonces, la vida puso a prueba a mi corazón que ya se acostumbraba a latir parejo.Bastaron tres silencios y una luna muda por testigo para deshacer el nudo que habían apretado los años sin compasión.Hizo falta que fuera más allá de tu mirada, que llegara a ciegas para tocar la piel de tu corazón. Al sentir su tibieza salí a tu encuentro definitivo, con el mío en la mano, flojito de tanta verdad.

©fdL2010